Simba era un cachorrito de golden retriever que, a pesar de su corta edad, ya había enfrentado varios desafíos de salud. Sus dueños me contactaron porque necesitaban ayuda extra para asegurarse de que Simba recibiera todos los cuidados médicos que requería, incluyendo la administración de medicación y un seguimiento constante de su recuperación.
Desde el primer momento, Simba me robó el corazón. A pesar de estar un poco débil, su espíritu era inquebrantable. Cada día, me aseguraba de que tomara sus medicamentos a la hora exacta y le proporcionaba el descanso necesario. Sin embargo, también sabía que Simba, como cualquier otro cachorro, necesitaba amor, atención y algo de diversión.
Después de darle su medicina y comprobar que estaba cómodo, nos dedicábamos a sesiones cortas de juego suave, donde Simba mostraba destellos de la energía y la alegría que estaban por venir. Poco a poco, comencé a ver mejoras en su estado de salud. Sus ojos brillaban más y su colita empezaba a moverse con más entusiasmo cada vez que me veía.

Una tarde, cuando sus dueños regresaron, Simba corrió hacia ellos con una energía renovada que no había mostrado en días. Fue un momento emotivo para todos, y ver el progreso de Simba fue una de las mayores recompensas de mi trabajo. Con el tiempo, Simba se recuperó completamente, y cada vez que lo veo, no puedo evitar recordar lo valiente y luchador que fue desde tan pequeño. Hoy en día, es un perro sano y feliz, lleno de vida, y yo tengo el honor de haber sido parte de su recuperación.


